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Alba Abanades Francisco González-Espejito Carmen Almendros |Malas Prácticas en Psicoterapias y Pseudoterapias
psicoterapia convencional revelan modos distintos en
los que pueden erosionarse los límites terapéuticos.
En el primer caso, la expansión de roles y la opacidad
financiera funcionan como mecanismos de influencia
y dependencia en el segundo, la ambigüedad del
encuadre y la falta de transparencia informativa limitan
la autonomía del paciente y debilitan la claridad del
consentimiento. Estas manifestaciones superficiales
podrían responder a una lógica estructural común de
asimetría y control, aunque con intencionalidades y
gravedades éticas distintas, lo que explica la ausencia
de diferencias consistentes en algunos factores teóricos
agregados. No obstante, ambas vías muestran cómo
el debilitamiento de la autonomía del paciente puede
emerger tanto por acción deliberada como por omisión
o deficiencia profesional.
Al considerar el género del terapeuta, los resultados
muestran, en consonancia con la literatura previa
(Pope y Vásquez, 1999 Pope et al., 1987), que los
terapeutas varones presentan una mayor tendencia
a incurrir en malas prácticas vinculadas a relaciones
duales de carácter sexual, lo que coincide con la mayor
proporción de hombres documentada entre los líderes
de grupos coercitivos (Hassan, 1990). En contraste,
en el dominio de Confidencialidad se observaron más
negligencias entre las terapeutas mujeres, un patrón
que podría relacionarse con diferencias en los estilos
de comunicación o con la naturaleza de los contextos
en los que ejercen, más que con una vulneración ética
intencional.
En contraste con la tendencia descrita en estudios
clásicos sobre grupos coercitivos, en este estudio se
observó que los participantes de mayor edad tendían a
haber acudido a pseudoterapias, mientras que los más
jóvenes informaban con mayor frecuencia haber recibido
psicoterapia convencional. Esta diferencia sugiere que
la edad no actúa como un factor protector, sino que
podría relacionarse con la exposición generacional
a distintos modelos de atención psicológica. Aunque
la literatura temprana sobre captación en grupos
coercitivos identificó una mayor vulnerabilidad
durante la adolescencia y juventud (p. ej., Levine,
1984 Singer y Lalich, 1997 Wright y Piper, 1986),
otros autores ya advertían que los adultos y mayores
pueden constituir también una población diana para
el reclutamiento, especialmente cuando atraviesan
crisis vitales, pérdidas o situaciones de aislamiento
social (Curtis y Curtis, 1993 Langone, 2011). Este
desplazamiento del perfil de riesgo hacia edades más
avanzadas podría relacionarse con la insatisfacción
ante los recursos públicos de salud mental, la búsqueda
de alternativas percibidas como más personales o
espirituales, y una menor familiaridad con el discurso
científico en salud psicológica. Estudios recientes
muestran que los adultos mayores presentan brechas
más amplias en alfabetización digital en salud y en su
capacidad para evaluar críticamente intervenciones
basadas en evidencia, lo que limita el acceso a
servicios psicológicos convencionales y aumenta la
vulnerabilidad frente a ofertas pseudoterapéuticas
(Dong et al., 2023 Pywell et al., 2020 Wang et al.,
2025). Esta menor integración en la cultura científica
y en los entornos digitales de salud puede dificultar la
identificación de las fuentes fiables y la confianza en
modelos de atención basados en evidencia, facilitando
la adopción de prácticas no contrastadas. Por ello,
los programas de educación y prevención en salud
mental deberían incorporar la alfabetización digital y
el empoderamiento informativo como componentes
esenciales para reducir la exposición a intervenciones
pseudoterapéuticas y coercitivas.
También resultan especialmente relevantes los
resultados según el tipo de recurso terapéutico. Se
observan mayores puntuaciones de malas prácticas
relacionadas con la competencia profesional en la
sanidad pública y en las asociacionesque prestan
servicios gratuitos, en comparación con recursos
privados, así como puntuaciones más altas en el ítem
“No me dedicaba el tiempo suficiente”. Estos hallazgos
son coherentes con las carencias señaladas por el
Defensor del Pueblo (2020) —solo alrededor de seis
psicólogos por cada 100.000 habitantes en la red
pública— y respaldan la hipótesis de que las limitaciones
estructurales de tiempo y recursos pueden contribuir
a errores asistenciales, tales como el menosprecio de
las preocupaciones del paciente, el escaso tiempo de
dedicación o la intervención en problemáticas fuera
del ámbito de competencia del terapeuta. En esta
misma línea, la Asociación para Proteger al Enfermo
de Terapias Pseudocientíficas (APETP), citada por
Moriana y Gálvez-Lara (2020), ha señalado que la falta
de recursos adecuados en el sistema sanitario público
constituye uno de los factores que empuja a algunas
personas a recurrir a curanderos o pseudoterapeutas.
Sin embargo, aunque estas explicaciones basadas
Alba Abanades Francisco González-Espejito Carmen Almendros |Malas Prácticas en Psicoterapias y Pseudoterapias
psicoterapia convencional revelan modos distintos en
los que pueden erosionarse los límites terapéuticos.
En el primer caso, la expansión de roles y la opacidad
financiera funcionan como mecanismos de influencia
y dependencia en el segundo, la ambigüedad del
encuadre y la falta de transparencia informativa limitan
la autonomía del paciente y debilitan la claridad del
consentimiento. Estas manifestaciones superficiales
podrían responder a una lógica estructural común de
asimetría y control, aunque con intencionalidades y
gravedades éticas distintas, lo que explica la ausencia
de diferencias consistentes en algunos factores teóricos
agregados. No obstante, ambas vías muestran cómo
el debilitamiento de la autonomía del paciente puede
emerger tanto por acción deliberada como por omisión
o deficiencia profesional.
Al considerar el género del terapeuta, los resultados
muestran, en consonancia con la literatura previa
(Pope y Vásquez, 1999 Pope et al., 1987), que los
terapeutas varones presentan una mayor tendencia
a incurrir en malas prácticas vinculadas a relaciones
duales de carácter sexual, lo que coincide con la mayor
proporción de hombres documentada entre los líderes
de grupos coercitivos (Hassan, 1990). En contraste,
en el dominio de Confidencialidad se observaron más
negligencias entre las terapeutas mujeres, un patrón
que podría relacionarse con diferencias en los estilos
de comunicación o con la naturaleza de los contextos
en los que ejercen, más que con una vulneración ética
intencional.
En contraste con la tendencia descrita en estudios
clásicos sobre grupos coercitivos, en este estudio se
observó que los participantes de mayor edad tendían a
haber acudido a pseudoterapias, mientras que los más
jóvenes informaban con mayor frecuencia haber recibido
psicoterapia convencional. Esta diferencia sugiere que
la edad no actúa como un factor protector, sino que
podría relacionarse con la exposición generacional
a distintos modelos de atención psicológica. Aunque
la literatura temprana sobre captación en grupos
coercitivos identificó una mayor vulnerabilidad
durante la adolescencia y juventud (p. ej., Levine,
1984 Singer y Lalich, 1997 Wright y Piper, 1986),
otros autores ya advertían que los adultos y mayores
pueden constituir también una población diana para
el reclutamiento, especialmente cuando atraviesan
crisis vitales, pérdidas o situaciones de aislamiento
social (Curtis y Curtis, 1993 Langone, 2011). Este
desplazamiento del perfil de riesgo hacia edades más
avanzadas podría relacionarse con la insatisfacción
ante los recursos públicos de salud mental, la búsqueda
de alternativas percibidas como más personales o
espirituales, y una menor familiaridad con el discurso
científico en salud psicológica. Estudios recientes
muestran que los adultos mayores presentan brechas
más amplias en alfabetización digital en salud y en su
capacidad para evaluar críticamente intervenciones
basadas en evidencia, lo que limita el acceso a
servicios psicológicos convencionales y aumenta la
vulnerabilidad frente a ofertas pseudoterapéuticas
(Dong et al., 2023 Pywell et al., 2020 Wang et al.,
2025). Esta menor integración en la cultura científica
y en los entornos digitales de salud puede dificultar la
identificación de las fuentes fiables y la confianza en
modelos de atención basados en evidencia, facilitando
la adopción de prácticas no contrastadas. Por ello,
los programas de educación y prevención en salud
mental deberían incorporar la alfabetización digital y
el empoderamiento informativo como componentes
esenciales para reducir la exposición a intervenciones
pseudoterapéuticas y coercitivas.
También resultan especialmente relevantes los
resultados según el tipo de recurso terapéutico. Se
observan mayores puntuaciones de malas prácticas
relacionadas con la competencia profesional en la
sanidad pública y en las asociacionesque prestan
servicios gratuitos, en comparación con recursos
privados, así como puntuaciones más altas en el ítem
“No me dedicaba el tiempo suficiente”. Estos hallazgos
son coherentes con las carencias señaladas por el
Defensor del Pueblo (2020) —solo alrededor de seis
psicólogos por cada 100.000 habitantes en la red
pública— y respaldan la hipótesis de que las limitaciones
estructurales de tiempo y recursos pueden contribuir
a errores asistenciales, tales como el menosprecio de
las preocupaciones del paciente, el escaso tiempo de
dedicación o la intervención en problemáticas fuera
del ámbito de competencia del terapeuta. En esta
misma línea, la Asociación para Proteger al Enfermo
de Terapias Pseudocientíficas (APETP), citada por
Moriana y Gálvez-Lara (2020), ha señalado que la falta
de recursos adecuados en el sistema sanitario público
constituye uno de los factores que empuja a algunas
personas a recurrir a curanderos o pseudoterapeutas.
Sin embargo, aunque estas explicaciones basadas









































































































