International Journal of Coercion, Abuse, and Manipulation Volume 9, Issue 2 2026 84
finalizado (M =87,19 DT =35,99 U =516,0 p =0,01).
En relación con el tipo de recurso terapéutico, la prueba
de Kruskal-Wallis mostró diferencias significativas en
el dominio de Competencia Profesional (H =11,633
p =0,009), con puntuaciones más elevadas en sanidad
pública (M =24,9 DT =26,83) que en clínica privadas
(M =11,88 DT =23,68) y en otros recursos privados
(M =10,0 DT =11,36). También se hallaron diferencias
en el ítem 60 (“No me dedicaba el tiempo suficiente”)
(H =24,45 p =0,03).
Por último, las comparaciones por género del terapeuta
revelaron diferencias significativas en Confidencialidad
(mujeres: M =1,16 I =1,55 varones: M =1,09 DT =
0,71 U =7,79 p =0,02) y Relaciones Duales (mujeres:
M =1,07 DT =0,46 varones: M =1,17 DT =2,03 U
=11,51 p =0,03).
5. Discusión
Este trabajo ofrece evidencia preliminar sobre
la presencia de malas prácticas en contextos
psicoterapéuticos y pseudoterapéuticos. Aunque las
puntuaciones medias globales fueron bajas, un número
considerable de participantes reportó episodios
puntuales o conjuntos de conductas problemáticas.
Desde la perspectiva del control coercitivo, estos
conjuntos no se interpretan como incidentes aislados,
sino como expresiones parciales de un patrón relacional
que, una vez instaurado, incrementa la probabilidad
de coocurrencia de infracciones a los principios de
competencia, autonomía, integridad y no maleficencia.
Esta lectura orienta la detección temprana de
indicadores de riesgo y subraya la necesidad de reforzar
la formación ética y deontológica en la práctica clínica.
Los análisis comparativos entre psicoterapias y
pseudoterapias revelaron diferencias significativas en
la frecuencia total de malas prácticas, concentradas
principalmente en Finalización de la Terapia,
Competencia Profesional y Relaciones Duales, más
frecuentes en pseudoterapias. Estas dimensiones
apuntan a zonas especialmente vulnerables en
la regulación ética y profesional de las prácticas
pseudoterapéuticas.
En términos de control coercitivo, las áreas de
Finalización de la Terapia, Competencia Profesional
y Relaciones Duales representan dominios clave para
consolidar relaciones asimétricas dentro del vínculo
terapéutico. La no finalización sugestionada introduce
dinámicas de miedo y dependencia las relaciones
duales amplían los roles y generan conflictos de
interés que socavan la imparcialidad y la competencia
insuficiente facilita el uso de métodos no contrastados
y la manipulación de la información clínica. La
convergencia de estas dimensiones configura un patrón
relacional característico de control coercitivo, que
limita la agencia del paciente y compromete la validez
del consentimiento informado.
Estos hallazgos son coherentes con los estudios clásicos
sobre relaciones pseudoterapéuticas de carácter
coercitivo (Boland y Lindbloom, 1992 Temerlin y
Temerlin, 1982) y sugieren la presencia de patrones de
control coercitivo observables a través de los dominios
de la PAEGS. Los resultados indican diferencias tanto
en la frecuencia como en la variedad total de malas
prácticas, lo que refleja un patrón relacional más denso
y persistente en los contextos pseudoterapéuticos.
Este patrón incrementa el riesgo de acumulación de
conductas éticamente problemáticas y advierte sobre
la peligrosidad de los entornos en los que se ofrecen
tratamientos sin respaldo científico.
Sin embargo, al comparar los factores teóricos, no todas
las dimensiones presentan diferencias significativas. Es
posible que algunas prácticas, aunque coincidan en un
mismo dominio, se manifiesten con intencionalidades
distintas según el contexto: en los grupos coercitivos,
por ejemplo, el uso deliberado de un lenguaje técnico o
confuso puede servir para reducir la capacidad crítica
y el consentimiento informado del paciente mientras
que, en psicoterapia, conductas análogas pueden
responder a limitaciones comunicativas o errores de
ajuste, sin propósito coercitivo (Temerlin y Temerlin,
1986). Esta variabilidad podría atenuar las diferencias
entre factores. Aun así, se detectaron prácticas
distintivas según el contexto: en las pseudoterapias
predominan las relaciones duales económicas y de
amistad, mientras que en la psicoterapia convencional
son más frecuentes los fallos de encuadre y de
explicación del proceso terapéutico.
La mayor frecuencia de las relaciones duales
económicas o de amistad en las pseudoterapias y
de los fallos de encuadre y de información en la
85
Alba Abanades Francisco González-Espejito Carmen Almendros |Malas Prácticas en Psicoterapias y Pseudoterapias
psicoterapia convencional revelan modos distintos en
los que pueden erosionarse los límites terapéuticos.
En el primer caso, la expansión de roles y la opacidad
financiera funcionan como mecanismos de influencia
y dependencia en el segundo, la ambigüedad del
encuadre y la falta de transparencia informativa limitan
la autonomía del paciente y debilitan la claridad del
consentimiento. Estas manifestaciones superficiales
podrían responder a una lógica estructural común de
asimetría y control, aunque con intencionalidades y
gravedades éticas distintas, lo que explica la ausencia
de diferencias consistentes en algunos factores teóricos
agregados. No obstante, ambas vías muestran cómo
el debilitamiento de la autonomía del paciente puede
emerger tanto por acción deliberada como por omisión
o deficiencia profesional.
Al considerar el género del terapeuta, los resultados
muestran, en consonancia con la literatura previa
(Pope y Vásquez, 1999 Pope et al., 1987), que los
terapeutas varones presentan una mayor tendencia
a incurrir en malas prácticas vinculadas a relaciones
duales de carácter sexual, lo que coincide con la mayor
proporción de hombres documentada entre los líderes
de grupos coercitivos (Hassan, 1990). En contraste,
en el dominio de Confidencialidad se observaron más
negligencias entre las terapeutas mujeres, un patrón
que podría relacionarse con diferencias en los estilos
de comunicación o con la naturaleza de los contextos
en los que ejercen, más que con una vulneración ética
intencional.
En contraste con la tendencia descrita en estudios
clásicos sobre grupos coercitivos, en este estudio se
observó que los participantes de mayor edad tendían a
haber acudido a pseudoterapias, mientras que los más
jóvenes informaban con mayor frecuencia haber recibido
psicoterapia convencional. Esta diferencia sugiere que
la edad no actúa como un factor protector, sino que
podría relacionarse con la exposición generacional
a distintos modelos de atención psicológica. Aunque
la literatura temprana sobre captación en grupos
coercitivos identificó una mayor vulnerabilidad
durante la adolescencia y juventud (p. ej., Levine,
1984 Singer y Lalich, 1997 Wright y Piper, 1986),
otros autores ya advertían que los adultos y mayores
pueden constituir también una población diana para
el reclutamiento, especialmente cuando atraviesan
crisis vitales, pérdidas o situaciones de aislamiento
social (Curtis y Curtis, 1993 Langone, 2011). Este
desplazamiento del perfil de riesgo hacia edades más
avanzadas podría relacionarse con la insatisfacción
ante los recursos públicos de salud mental, la búsqueda
de alternativas percibidas como más personales o
espirituales, y una menor familiaridad con el discurso
científico en salud psicológica. Estudios recientes
muestran que los adultos mayores presentan brechas
más amplias en alfabetización digital en salud y en su
capacidad para evaluar críticamente intervenciones
basadas en evidencia, lo que limita el acceso a
servicios psicológicos convencionales y aumenta la
vulnerabilidad frente a ofertas pseudoterapéuticas
(Dong et al., 2023 Pywell et al., 2020 Wang et al.,
2025). Esta menor integración en la cultura científica
y en los entornos digitales de salud puede dificultar la
identificación de las fuentes fiables y la confianza en
modelos de atención basados en evidencia, facilitando
la adopción de prácticas no contrastadas. Por ello,
los programas de educación y prevención en salud
mental deberían incorporar la alfabetización digital y
el empoderamiento informativo como componentes
esenciales para reducir la exposición a intervenciones
pseudoterapéuticas y coercitivas.
También resultan especialmente relevantes los
resultados según el tipo de recurso terapéutico. Se
observan mayores puntuaciones de malas prácticas
relacionadas con la competencia profesional en la
sanidad pública y en las asociacionesque prestan
servicios gratuitos, en comparación con recursos
privados, así como puntuaciones más altas en el ítem
“No me dedicaba el tiempo suficiente”. Estos hallazgos
son coherentes con las carencias señaladas por el
Defensor del Pueblo (2020) —solo alrededor de seis
psicólogos por cada 100.000 habitantes en la red
pública— y respaldan la hipótesis de que las limitaciones
estructurales de tiempo y recursos pueden contribuir
a errores asistenciales, tales como el menosprecio de
las preocupaciones del paciente, el escaso tiempo de
dedicación o la intervención en problemáticas fuera
del ámbito de competencia del terapeuta. En esta
misma línea, la Asociación para Proteger al Enfermo
de Terapias Pseudocientíficas (APETP), citada por
Moriana y Gálvez-Lara (2020), ha señalado que la falta
de recursos adecuados en el sistema sanitario público
constituye uno de los factores que empuja a algunas
personas a recurrir a curanderos o pseudoterapeutas.
Sin embargo, aunque estas explicaciones basadas
Previous Page Next Page