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Alba Abanades Francisco González-Espejito Carmen Almendros |Malas Prácticas en Psicoterapias y Pseudoterapias
bienestar (Saldaña et al., 2021b) y que dicho malestar
tiende a incrementarse con el tiempo transcurrido
desde el abandono del grupo (p. ej., Gasde y Block,
1998 Walsh et al., 1995). La relevancia del fenómeno
se refuerza por su vinculación con síntomas
psicopatológicos diversos —como ansiedad, depresión
o estrés postraumático— (p. ej., Conway et al., 1986
Goldberg et al., 2017 Malinoski et al., 1999 Saldaña et
al., 2017), niveles elevados de estrés percibido (Saldaña
et al., 2021a) y diversos trastornos psicológicos y
sociales (p. ej., Antelo et al., 2021a Boeri, 2002
Coates, 2010 Matthews y Salazar, 2014). En conjunto,
el abuso psicológico, entendido como expresión de
los dominios centrales del control coercitivo, parece
deteriorar de manera sustancial el bienestar (p. ej.,
Saldaña et al., 2021a, 2021b) y la funcionalidad de
las víctimas, mostrando efectos comparables en otros
contextos relacionales como las relaciones de pareja
(Zlotnick et al., 2006), los entornos laborales (Nauman
et al., 2019) o los contextos educativos (Navarro et al.,
2015), donde el impacto puede persistir largo tiempo
tras el fin de la situación abusiva (Anderson y Saunders,
2003).
En conjunto, los resultados ofrecen evidencia preliminar
de que las malas prácticas tienden a agruparse en
configuraciones compatibles con dinámicas de control
coercitivo, tanto en pseudoterapias como, en ciertos
casos, bajo el rótulo de “psicoterapia convencional”.
Este hallazgo sugiere que los mecanismos de dominio
relacional pueden operar de forma transversal a
distintos marcos terapéuticos, y que su detección
requiere analizar patrones de interacción más que
incidentes aislados. Desde esta perspectiva, el control
coercitivo proporciona un marco conceptual unificador
para comprender estas configuraciones, mientras
que la EMPT-60 y la PAEGS se consolidan como
instrumentos complementarios capaces de captar,
respectivamente, las dinámicas diádicas y grupales de
coerción y abuso psicológico.
Estos resultados subrayan la necesidad de
reforzar la sensibilización y alfabetización ética
en la población general, no solo en lo relativo a la
distinción entre tratamientos psicológicos basados
en evidencia (Moriana y Gálvez-Lara, 2020) y ofertas
pseudoterapéuticas potencialmente dañinas, sino
también en torno a los estándares éticos que rigen la
práctica profesional. Este conocimiento contribuye a
la prevención de abusos y al fortalecimiento del juicio
crítico frente a las prácticas no reguladas. Del mismo
modo, es fundamental profundizar en la formación
ética de los profesionales de la psicología, situando en
el centro la comprensión del abuso como fenómeno
ético-relacional y el derecho de las personas afectadas
a narrar y dignificar sus experiencias. Reforzar este
enfoque no solo promueve una cultura profesional más
responsable, sino que también facilita que las víctimas
puedan reconocer y defender sus derechos cuando
denuncien los malos tratos sufridos.
Desde una perspectiva aplicada, los resultados
subrayan la importancia de la detección temprana
de conglomerados de malas prácticas —por ejemplo,
la combinación de finalización coercitiva, relaciones
duales y opacidad informativa—, cuya identificación
debería activar mecanismos de supervisión y, en su
caso, la obtención de una segunda opinión profesional.
A nivel organizativo, la incorporación de instrumentos
breves de cribado inspirados en la EMPT-60, centrados
en aspectos como el encuadre, el consentimiento
informado y las relaciones duales, podría contribuir
a prevenir la deriva hacia dinámicas de control o
coerción. En el plano regulatorio, la documentación
transparente de los límites de competencia, del
encuadre terapéutico y de la información facilitada y
firmada por el paciente mejoraría la trazabilidad de las
decisiones clínicas y reforzaría la protección tanto de
los usuarios como de los profesionales.
No obstante, debido al carácter exploratorio de esta
investigación, los resultados deben interpretarse con
cautela, como patrones descriptivos y asociaciones
iniciales, que aportan una base empírica para la
formulación de hipótesis futuras. En particular, estos
hallazgos pueden orientar líneas de trabajo posteriores
dirigidas a examinar con mayor profundidad la
relación entre malas las prácticas profesionales y las
dinámicas de control coercitivo en distintos contextos
terapéuticos.
6. Limitaciones del estudio
Como toda investigación, este estudio presenta
ciertas limitaciones que deben tenerse en cuenta al
interpretar los resultados. En primer lugar, el tamaño
de la muestra fue menor al deseable, dado que se trató
de una encuesta con criterios de inclusión amplios y
International Journal of Coercion, Abuse, and Manipulation Volume 9, Issue 2 2026 88
un perfil de participante poco restringido. Además,
la concentración geográfica de los participantes —
con un alto porcentaje procedente de la Comunidad
de Madrid— y la escasa representación en algunas
categorías de variables relevantes, como el enfoque del
terapeuta, limitan la validez externa de los hallazgos y
reducen la posibilidad de realizar comparaciones más
finas entre subgrupos de interés.
No obstante, conviene subrayar que los hallazgos
presentados son de carácter preliminar y deben
interpretarse con cautela. En particular, los resultados
derivados de la EMPT-60 requieren aplicación
y un examen más exhaustivo de sus propiedades
psicométricas -—especialmente en lo relativo a su
estructura factorial y validez de constructo— mediante
muestras más amplias y heterogéneas. En este sentido,
el presente estudio se concibe como parte de una línea
de investigación más amplia y en desarrollo, orientada
a profundizar en la comprensión de las experiencias
de los pacientes, con especial atención a las vivencias
de las víctimas de grupos coercitivos, un colectivo
históricamente desatendido por la investigación
psicológica.
Además de las limitaciones previamente mencionadas,
deben tenerse en cuenta otras consideraciones
metodológicas relevantes: (a) el diseño transversal y el
uso exclusivo de autoinformes, que podrían implicar
sesgos de recuerdo (b) el muestreo no probabilístico
y el tamaño reducido del subgrupo correspondiente a
pseudoterapias, que restringen la potencia estadística
y la generalización de los hallazgos (c) la ausencia
de datos sobre el tiempo transcurrido desde la última
experiencia terapéutica, lo que podría haber influido
en la percepción de las malas prácticas y en los efectos
diferidos del control coercitivo y (d) la validación del
instrumento EMPT-60, basada en la revisión de un
único caso —una víctima exmiembro de un grupo
pseudoterapéutico—, lo que limita la generalización y
la robustez psicométrica de los resultados.
7. Líneas futuras de investigación
De cara al desarrollo futuro de esta línea de trabajo, el
presente estudio constituye una aportación novedosa
por su cambio de enfoque hacia el autoinforme de los
pacientes y de la población general, así como por su
atención a las experiencias de quienes han participado
en grupos o terapias con dinámicas coercitivas.
Resulta fundamental continuar profundizando en esta
dirección, especialmente en la evaluación de cómo los
pacientes perciben las malas prácticas y en el análisis
de los efectos sostenidos del control coercitivo a largo
plazo.
Una línea prioritaria para futuras investigaciones
consiste en incorporar una medida del tiempo
transcurrido desde la última experiencia terapéutica
de los participantes. Tanto la duración del proceso
como el intervalo desde su finalización podrían influir
en la percepción de las malas prácticas y en los efectos
residuales de las dinámicas de control coercitivo.
Considerar esta dimensión temporal permitiría
comprender con mayor precisión cómo evolucionan
las experiencias de los pacientes y facilitaría el análisis
de la persistencia e impacto de dichas prácticas a lo
largo del tiempo.
Asimismo, futuras investigaciones podrían explorar,
además de las malas prácticas relatadas por los
pacientes, su conocimiento de los canales de denuncia,
la intención de utilizarlos y las barreras percibidas para
hacerlo. Sería igualmente valioso analizar el impacto
psicológico y social de estas experiencias, así como los
procesos personales e institucionales implicados en la
búsqueda de reparación o justicia.
Por otro lado, en el ámbito social han comenzado a
señalarse (Carmona, 2021) malas prácticas asociadas a la
captación e intervención en contextos de terapia online,
un fenómeno vinculado a la creciente digitalización
de los servicios psicológicos. Resulta pertinente
incorporar esta variable —por ejemplo, el formato
presencial o virtual— en futuras investigaciones sobre
malas prácticas profesionales. Analizar esta dimensión
es especialmente relevante ante la proliferación de
grupos que, bajo denominaciones como crecimiento
personal, autoayuda o terapias alternativas, utilizan
estrategias de manipulación y control para retener
a sus miembros, conformando así las denominadas
“sectas digitales”. Estos entornos pueden ejercer una
fuerte influencia psicológica incluso a distancia, como
evidencia el conocido caso de Patricia Aguilar en
España, quien llegó a abandonar su hogar y su familia
tras ser captada a través de internet.
De hecho, Castaño et al. (2022) observaron que
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