46 International Journal of Cultic Studies ■ Vol. 3, 2012
Discusión
Este trabajo pretende aportar más evidencias de
fiabilidad y validez que permitan valorar el
grado de adaptación al español del instrumento:
Group Psychological Abuse Scale (GPA)
(Chambers et al., 1994). Este objetivo se planteó
como un primer paso necesario para el estudio
del abuso psicológico en contextos grupales,
teniendo en cuenta el precedente de la no
existencia de tal estudio en nuestro país.
Postulamos, por ello, este estudio como un
primer paso satisfactorio a partir del cual poder
construir nuevos instrumentos de medida del
constructo aquí estudiado, en etapas tempranas
de comprensión y entendimiento empírico.
Teniendo en cuenta los resultados expuestos,
creemos haber aportado las garantías necesarias
para hacer accesible el instrumento para su
empleo en nuestro país. No obstante, puesto que
las propiedades psicométricas no se “logran y
retienen simplemente” (Anastasi, 1986), no son
algo que fijemos a través de este trabajo, sino
que deberán volver a ser estimadas a medida que
el instrumento se emplee con nuevas muestras.
Los tres factores encontrados para la segunda
aplicación de la GPA-S mostraron valores Alfa
de Cronbach adecuados, sobre todo si tenemos
en cuenta el número reducido de ítems que
componen las subescalas. Además, en el caso
del presente instrumento, esperábamos que la
percepción de abuso psicológico se mantuviera
estable en el tiempo. Si se pretende que la GPA-
S ayude a evaluar el grado de abuso ejercido en
un grupo específico, la estabilidad de la medida
debe ser un requisito imprescindible. En
conjunto, nuestros resultados sugieren una
escasa fluctuación de la escala GPA-S, cuyas
puntuaciones se muestran estables a lo largo de
períodos de tiempo considerables, e igualmente,
se muestran poco variables según los diversos
grados de reflexión. Por otro lado, la versión
original de la escala parece haberse mostrado
poco sensible a la intervención psicológica con
una muestra norteamericana (Martin et al.,
2004). En este sentido, conviene recordar que la
GPA no está diseñada para medir actitudes
acerca del abuso o la violencia, ni analiza las
consecuencias del abuso, centrándose, en
cambio, en la posible existencia o no de actos o
prácticas específicas (Almendros et al., 2011).
Por tanto, nuestros resultados parecen sugerir la
estabilidad en la información proporcionada por
los ex-miembros sobre su experiencia en grupos
abusivos. Únicamente observamos que las
personas que habían reflexionado mucho acerca
de su experiencia incrementaron sus
puntuaciones medias en la escala GPA-S de
modo significativo. Este hecho podría ser
congruente con las afirmaciones por parte,
principalmente, de los profesionales de la salud
que tratan ex-miembros de GMP, en torno a que
muchos de los que abandonan estos grupos no
son plenamente conscientes de lo que ha
ocurrido durante su pertenencia o que los
términos empleados en la escala pueden resultar
prematuros para algunos ex-miembros recientes
(Langone y Chambers, 1991). Es posible que un
período de reflexión sirva para hacer explícitas
las intenciones de determinadas prácticas
llevadas a cabo por el grupo que, en la mayoría
de los casos, fueron ejercidas de forma sutil
haciendo que la persona aceptara como propias
ciertas imposiciones, sacrificios, etc.
La GPA-S mostró una óptima capacidad
clasificatoria, discriminando adecuadamente
entre los ex-miembros de GMP y los ex-
miembros de GNM. En este sentido, hemos
determinado puntos de corte óptimos para la
GPA-S (=81) y sus subescalas: Sumisión (=
28), Control Mental (=32) y Explotación
(=13). No obstante, respecto a la última
subescala, debe considerarse que para dicho
punto de corte la especificidad es de 76,3% y
adecuar, si resultara necesario, los criterios
proporcionados según el propósito evaluador
con el que quiera emplearse el instrumento:
investigación o clínica.
Por otro lado, como ya apuntaron Almendros et
al. (2004), hemos encontrado una relativa menor
importancia o presencia de los comportamientos
descritos como Explotación. Almendros (2006)
no encontró diferencias significativas entre las
puntuaciones medias de la muestra española
aquí empleada y una muestra norteamericana.
Ello nos sugiere la posible inconveniencia, en la
versión original del instrumento, de adoptar el
mismo punto de corte para esta subescala que
para las restantes, compuestas cada una por el
mismo número de ítems (7).
Discusión
Este trabajo pretende aportar más evidencias de
fiabilidad y validez que permitan valorar el
grado de adaptación al español del instrumento:
Group Psychological Abuse Scale (GPA)
(Chambers et al., 1994). Este objetivo se planteó
como un primer paso necesario para el estudio
del abuso psicológico en contextos grupales,
teniendo en cuenta el precedente de la no
existencia de tal estudio en nuestro país.
Postulamos, por ello, este estudio como un
primer paso satisfactorio a partir del cual poder
construir nuevos instrumentos de medida del
constructo aquí estudiado, en etapas tempranas
de comprensión y entendimiento empírico.
Teniendo en cuenta los resultados expuestos,
creemos haber aportado las garantías necesarias
para hacer accesible el instrumento para su
empleo en nuestro país. No obstante, puesto que
las propiedades psicométricas no se “logran y
retienen simplemente” (Anastasi, 1986), no son
algo que fijemos a través de este trabajo, sino
que deberán volver a ser estimadas a medida que
el instrumento se emplee con nuevas muestras.
Los tres factores encontrados para la segunda
aplicación de la GPA-S mostraron valores Alfa
de Cronbach adecuados, sobre todo si tenemos
en cuenta el número reducido de ítems que
componen las subescalas. Además, en el caso
del presente instrumento, esperábamos que la
percepción de abuso psicológico se mantuviera
estable en el tiempo. Si se pretende que la GPA-
S ayude a evaluar el grado de abuso ejercido en
un grupo específico, la estabilidad de la medida
debe ser un requisito imprescindible. En
conjunto, nuestros resultados sugieren una
escasa fluctuación de la escala GPA-S, cuyas
puntuaciones se muestran estables a lo largo de
períodos de tiempo considerables, e igualmente,
se muestran poco variables según los diversos
grados de reflexión. Por otro lado, la versión
original de la escala parece haberse mostrado
poco sensible a la intervención psicológica con
una muestra norteamericana (Martin et al.,
2004). En este sentido, conviene recordar que la
GPA no está diseñada para medir actitudes
acerca del abuso o la violencia, ni analiza las
consecuencias del abuso, centrándose, en
cambio, en la posible existencia o no de actos o
prácticas específicas (Almendros et al., 2011).
Por tanto, nuestros resultados parecen sugerir la
estabilidad en la información proporcionada por
los ex-miembros sobre su experiencia en grupos
abusivos. Únicamente observamos que las
personas que habían reflexionado mucho acerca
de su experiencia incrementaron sus
puntuaciones medias en la escala GPA-S de
modo significativo. Este hecho podría ser
congruente con las afirmaciones por parte,
principalmente, de los profesionales de la salud
que tratan ex-miembros de GMP, en torno a que
muchos de los que abandonan estos grupos no
son plenamente conscientes de lo que ha
ocurrido durante su pertenencia o que los
términos empleados en la escala pueden resultar
prematuros para algunos ex-miembros recientes
(Langone y Chambers, 1991). Es posible que un
período de reflexión sirva para hacer explícitas
las intenciones de determinadas prácticas
llevadas a cabo por el grupo que, en la mayoría
de los casos, fueron ejercidas de forma sutil
haciendo que la persona aceptara como propias
ciertas imposiciones, sacrificios, etc.
La GPA-S mostró una óptima capacidad
clasificatoria, discriminando adecuadamente
entre los ex-miembros de GMP y los ex-
miembros de GNM. En este sentido, hemos
determinado puntos de corte óptimos para la
GPA-S (=81) y sus subescalas: Sumisión (=
28), Control Mental (=32) y Explotación
(=13). No obstante, respecto a la última
subescala, debe considerarse que para dicho
punto de corte la especificidad es de 76,3% y
adecuar, si resultara necesario, los criterios
proporcionados según el propósito evaluador
con el que quiera emplearse el instrumento:
investigación o clínica.
Por otro lado, como ya apuntaron Almendros et
al. (2004), hemos encontrado una relativa menor
importancia o presencia de los comportamientos
descritos como Explotación. Almendros (2006)
no encontró diferencias significativas entre las
puntuaciones medias de la muestra española
aquí empleada y una muestra norteamericana.
Ello nos sugiere la posible inconveniencia, en la
versión original del instrumento, de adoptar el
mismo punto de corte para esta subescala que
para las restantes, compuestas cada una por el
mismo número de ítems (7).































































































